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Sobre la Arrogancia y la Humildad

La arrogancia es un estado en el cual estamos convencidos de tener el derecho de estar por sobre los otros. La admiración propia justificada, sin compararnos con otros y el sentirse superior no es lo mismo. Esto es en el peor de los casos vanidad. La arrogancia es ilícita en el Islam, es considerada un estado de ignominia, desgracia. Lo opuesto a la arrogancia es mirarnos a nosotros mismos solo con la intención de conocernos verdaderamente. Esto es considerado una virtud, lo que se espera de un Musulmán. Aún si es justificado o no, aún si verdaderamente en nuestro corazón creemos que somos superiores a otro o no, es un pecado si la presunción es exteriorizada, manifestada, comunicada a los otros a través de la mente o en acción,. Peor aún si no hay justificación para el sentido de superioridad. Allah el Altísimo, El cual uno de Sus atributos es El Imponente, es El único merecedor de este nombre.

La única ocasión en que el sentimiento de orgullo no es un pecado, es al manifestarlo en contra de una persona agresiva arrogante, o en contra de un enemigo tirano cuando estamos en guerra defendiendo nuestra religión o país. De hecho mostrar orgullo hacia una persona arrogante es considerada una buena obra.

Jabir relata que el Profeta (BP) dijo: "El único estado de orgullo que Allah permite es el mostrado en una batalla o mientras se hace un acto generoso..." El sentido del orgullo mientras ayudamos a una persona en necesidad es desmerecer la generosidad, pretendiendo que somos capaces de hacerlo aún mejor.

La modestia, parecer menos de lo que somos, es recomendable; sin embargo la exageración de humildad al punto de parecer indigno, es un pecado. Miraz ibn Jabal informa que el Mensajero de Allah (BP) dijo: "Mostrar un apego excesivo y parecer indigno, reduciéndose al estado de un mendigo, no va de acuerdo al carácter del creyente. La única excepción es la humildad de un discípulo con su maestro, buscando recibir conocimiento... " Solo el conocimiento merece ser mendigado, y merece que nos humillemos para recibirlo.

Para ilustrar la manera correcta e incorrecta de manifestar la humildad, imagínense una persona totalmente burda e ignorante entrando en la compañía de hombres sabios. Si estos hombres sabios le muestran extremo respeto a esta persona que entra, se ponen de pie para saludarlo, le ofrecen el mejor lugar, lo acompañan a la puerta al irse; esto está definitivamente mal. Por otra parte si le muestran gentileza para que se sienta bienvenido, escuchan y responden sus preguntas al nivel de su entendimiento (aún si las preguntas son de un nivel inferior al de ellos) y por supuesto que no piensan nunca que ellos son mejores que esta persona, haciendo lo que pueden para hacerlo sentir su igual; entonces sin duda su comportamiento es adecuado.

Otro ejemplo de humildad ilícita en el Islam es mendigar si tenemos techo y comida aunque para solo un día. Dar a alguien un pequeño regalo con la esperanza de recibir un bien mayor es como mendigar.

Allah El Altísimo dice: No hagan favores buscando ganancia. (Sura Al Muddathir 6)

Ir a fiestas sin estar invitado es humillante y una manera de mendigar. Abdullah ibn Omar relata que el Mensajero de Allah (BP) dijo: "Si alguien no acepta una invitación se está rebelando en contra de Allah y Su Profeta. Si alguien va a una celebración o un casamiento sin haber sido invitado, ha entrado a esa casa como un ladrón y salido como un saqueador..."

Tener amistad, visitar y frecuentar dignatarios, personas en el poder, altos personeros gubernamentales, jueces, generales o personas ricas influyentes con la esperanza de obtener beneficio de estas relaciones, está prohibido según nuestra religión, al menos que estas personas tengan los medios para que recibamos lo que legítimamente es nuestro y estamos en verdadera necesidad de tenerlo. Y cuando estamos en la compañía de estas personas, quedarse de pie, hacerle reverencia, mostrar excesivo respeto en lo que decimos y hacemos, es degradante y una forma equivocada de humildad.

Trabajar duro, aún mas allá de nuestras capacidades, mantener a nuestras familias, ayudar con las labores domésticas en nuestras casas, comprar, cocinar, limpiar son signos loables de verdadera humildad. Aparecer de una manera común, vestir ropa común y usada, tener amistad con pobres y marginados, comer comida simple, no desperdiciar los restos de comida, no buscar empleos que nos den reputación o nos vanaglorien, no considerar menos para uno ser un pastor, un jardinero, un portero, carpintero o albañil, estos son signos verdaderos de humildad. Estos tipos de manifestaciones de humildad son merecedores de grandes recompensas divinas, pues se parecen al comportamiento de los profetas y santos. Pero mucha gente no sabe ésto y consideran que una vida así es reprensible. Ellos son los arrogantes que no se conocen a sí mismos.

La arrogancia se vuelve más peligrosa cuando es manifestada y dirigida hacia alguien. Algunos son arrogantes con los hombres. No son mejor que el maldito diablo que se rehusó obedecer a Allah cuando El le pidió a los ángeles que se prosternaran frente a Adán. El diablo pensó que él era creado del fuego, mientras que Adán había sido creado de la tierra. El no se conocía a sí mismo y no conocía a Adán. Por lo tanto fue castigado y marginado de la misericordia de Allah hasta el final de los tiempos.

Algunos son arrogantes con Allah, como el Faraón cuando dijo: "Yo soy su altísimo señor." O como Nimrod cuando le dijo al profeta Abraham (as): "Tu Señor puede ser el Dios de los Cielos. Yo soy el señor del mundo", y se atrevió a retar a Allah a combatir con él. Allah ahogó al Faraón y a su ejército mientras perseguían al profeta Moisés(as) y los hijos de Israel. Nimrod murió por un mosquito que devoró su cerebro.

Algunos son arrogantes con el Profeta de Allah (BP) como Abu Jahl, cuando dijo: "¿Es éste a quien Dios ha elegido como Su mensajero? ¿No podría El haber revelado el Corán a un hombre notable de Meca o Medina?"

Allah sella los ojos, los oídos y los corazones de los arrogantes no dejando que conozcan la Verdad. El declara en el Sagrado Corán:



Ocultaré mis revelaciones a aquellos que son extremadamente orgullosos en la Tierra. Aunque vean todos los signos no creerán en ellos. Y si ven el camino recto hacia la salvación, no lo tomarán. Si ven el mal camino del error y el pecado, lo seguirán. Esto es porque rechazan Nuestro mensaje y no los toman en cuenta. (Sura Al-A’raf 146)

Abu Hurayra relata que el Mensajero de Allah (BP) dijo: La magnificencia es mi camisa, la majestuosidad mi falda; quien se compare conmigo es un arrogante. Lo arrojo al fuego y no me causa pesar."

Ibn Mas’ud relata que el Profeta(BP) dijo: "Quien tenga un átomo de soberbia en su corazón no entrará en el Paraíso." Entonces uno de sus compañeros le preguntó " ¿Qué dices acerca de un hombre al cual le gusta vestirse con ropas finas?" Y él contestó: "Allah es hermoso y Le gusta lo hermoso. La arrogancia es negar la realidad y considerar a los otros por debajo uno."

Relató Sawban que él (BP) dijo: "Un creyente que muere libre de deudas, traición y arrogancia entra al Paraíso."

Anas ibn Malik relata que el Profeta (BP) dijo: "En el infierno el soberbio será encerrado en ataúdes de fuego para siempre."

Abdullah ibn Selam fue visto en el mercado con una pesada carga de leña en su espalda. Alguien le dijo: "¿Que te hace hacer esto? Allah te ha liberado de realizar estas tareas." Ibn Selam respondió: " Deseo deshacerme de todo signo de soberbia, pues escuché al Mensajero de Allah (BP) decir: "El que tiene soberbia aún del tamaño de una semilla de mostaza no entrará al Paraíso."

Abu Hurayra relata que el Mensajero de Allah (BP) dijo: "Existen tres tipos de personas a las cuales Allah no se dirigirá ni perdonará en el Día del Juicio Final. Los adúlteros, gobernadores mentirosos y pobres arrogantes."

Durante su califato, Omar ibn Hattab (ra) marchaba hacia Damasco con su ejército. Abu Ubayda ibn Jerrah iba con él. Llegaron a un pequeño lago, Hd. Omar (ra) bajó de su camello, se sacó sus zapatos, los ató y colgó en su hombro. Tomó el cabestro de su camello y juntos entraron en el agua.

Viendo esto en frente de su ejército, Abu Ubayda dijo: "¡Oh! Comandante de los creyentes, ¿como puedes ser tan humilde en frente de todos tus hombres?" Hd. Omar (ra) respondió: "¡Ay de ti, Abu Ubayda! ¡Si alguno además de ti pensara de esta manera!, pensamientos como este causarán la caída de los Musulmanes. No ves, somos sin duda alguna gente muy humilde. Allah nos ha elevado con honor y grandeza a través del Islam, si nos olvidamos quienes somos y deseamos mas que el Islam, que nos ha elevado, El que nos elevó nos degradará."

Ibn Tirimizi relata que el abuelo de Amr ibn Shuayb escuchó al Mensajero de Allah (BP) decir: "En el Día del Juicio Final, los altaneros serán resucitados tan pequeños como las hormigas, pero con su propio semblante. Serán guiados por grandes hordas de horrores a un calabozo llamado Bulis. Allí serán alimentados con excremento humano venenoso, como la sangre sucia y pus."

Muhammad ibn Zeyyad relata que cuando Abu Hurayra fue designado gobernador de Medina, solía caminar en el mercado con una carga de leña en su espalda gritando: "¡Abran paso, dejen que pase el gobernador! Y otros gritaban: " ¡Abran paso, dejen que la gente vea a su líder pasar!"

Iman Tirimizi relata que escuchó a Jubayr reclamar que la gente pensaba que el era soberbio. Él decía: "Ando en burro, visto ropa corriente de lana de los pobres, ordeño yo mismo a mis cabras y escuché al Mensajero de Allah (BP) decir: ‘Quien realiza (estas cosas) no es soberbio.’"

Siete cualidades son consideradas causa de soberbia: educación, conocimiento, piedad religiosa, fama y nobleza de familia y descendencia, atractivo físico, fuerza física, riqueza, logros, y tener admiradores y seguidores. En realidad ninguna de estas cualidades necesariamente son causa de arrogancia, por el contrario, son valores positivos por los cuales toda persona se esfuerza por conseguir. La causa real de la arrogancia es la estupidez y la inhabilidad de comprender el conocimiento ofrecido. Sin embargo no hay otra medicina sino el conocimiento para curar la estupidez.